Indiferencia Divina
Título: Lo necio del mundo
Texto Bíblico base: Mateo 9:9-13
La indignación de los fariseos claramente indica que ellos creían que Jesús podía estar haciendo mejor uso de su tiempo. Podía estar abocado, por ejemplo, a cualquiera de las múltiples disciplinas que ellos practicaban para cultivar una vida de mayor devoción a Dios. Podía estar reunido con otros religiosos, discutiendo diferentes aspectos de la interpretación de la ley. Podía estar? No quiero seguir pensando en otras ocupaciones alternativas, porque se me ocurren todas aquellas actividades que tanto nos entretienen como pueblo evangélico, siempre reunidos con otros creyentes, siempre buscando más bendiciones, siempre atentos a nuestras propias necesidades. Nuestras incursiones en el mundo de los pecadores son breves y obligadas. Preferimos que ellos vengan a nuestras reuniones, que asistir nosotros a sus reuniones.
No me mal interprete. No hay nada de malo con todo esto. ¡El problema radica en que esto se convierta en lo único que hacemos! Nuestra prioridad pasa a ser el estar juntos, frotándonos la espalda el uno al otro y diciéndonos cuanto nos ama el Señor. Al percibir Jesús este estilo de vida tan poco comprometido con los demás, señaló: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: "Misericordia quiero y no sacrificios", porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.»
Al afirmar Jesús que los enfermos necesitaban médico estaba volviendo a poner de relieve sus prioridades como siervo del Altísimo. Estas eran las mismas que compartió en Nazaret, cuando leyó el texto de Isaías 61. En aquella oportunidad había declarado que su unción lo capacitaba para una misión específica: ministrarle a los oprimidos, los enfermos, los quebrantados, los ciegos y los presos. Por esta razón se encontraba, precisamente, en el lugar donde podía tener el contacto más fluido con esta clase de personas.
Debemos notar algo más. Cristo exhortó a los fariseos a que intentaran descifrar al significado de una frase del profeta Oseas «misericordia quiero y no sacrificios». Evidentemente el de ellos no era simplemente un problema de prioridades, sino de algo más serio y profundo: una actitud de desprecio hacia los que estaban en pecado. Es en este punto que más tiemblo, pues veo qué tan fácil es que surja en mi interior la convicción que los pecadores en realidad no merecen nada. Veo lo rápido que soy en expresar indignación por su comportamiento, ¡como si fuera posible esperar de un pecador que haga alguna otra cosas que pecar!
La misericordia es esa postura por la cual yo le doy a otro no lo que merece, sino lo que necesita. Esta actitud es la que asegura la eficacia de nuestros esfuerzos por llegar a los que están a nuestro alrededor. Si las personas no perciben que son amadas y valiosas, no escucharán lo que tenemos que compartir con ellos. Muchas veces nuestro mensaje es que queremos que se «enganchen» en nuestros programas.
Cristo quería llamar a los pecadores al arrepentimiento. Para hacerlo estaba dispuesto a acercarse a ellos y meterse en su mundo, interesándose en sus actividades y participando de sus encuentros. La gente se sentía amada, y por esta razón estaban dispuestos a escucharlo.
¡Que Dios, en su bondad, nos revista también a nosotros de misericordia!
Por Chris Shaw. Producido y editado para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2007 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.
viernes, junio 15, 2007
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